A la salida de un hermoso sol despejo mi cuerpo de todo rastro que dejó la melancolía de domingo. Sí, debería estar acostumbrado a que de vez en cuando me invadan los fantasmas cuando escondo mi caparazón bajo la cama (pero eso también es parte de mi ser). Digamos, hoy me cuesta más hilar una frase pero es parte del derecho adquirido de ser claro.
Todavía hay cosas que no sé, a veces me siento un niño descubriendo un espacio nuevo o un genio tratando de resolver las cosas irresolutas pero ¡es tan sencillo que me complico yo mismo a pesar de tener la respuesta!
Tal vez yo te haya encontrado, en algún momento y hace tiempo, pero vos te las ingeniaste para estar siempre, de una u otra forma. Tan simple como un rompecabezas de dos piezas pero tan compleja (para tí misma) como esconder el sol con un dedo. Y yo, incansable, me sumergía una y otra vez en lo que más me encantaba hacer: transformarme en héroe.
Me choqué con mi misma paciencia casi inglesa al infinito. Todo lo valía ese ramo de calor, suave, tierno, tuyo, nuestro.
También me convertí en fugitivo, en ocasiones, y le di la espalda a tu ser, compensaría maravillosamente cada lágrima con un nuevo abrazo. Tal vez hoy ya no exista ni en recuerdos o, quizá, en este mismo segundo me encuentre más presente que nunca, y te invada.
Nada se extingue.




0 sentidos ajenos:
Publicar un comentario en la entrada