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jueves 22 de diciembre de 2011

El fuego sagrado

El ruido del líquido llenando otro vaso, las gotas que torpemente se deslizan por el vidrio. Lo tomo melancólicamente y algo me hace pensar en vos: el recuerdo de nuestros cuerpos extendidos en una pequeña cama, los vasos entremezclados y un ventanal enorme donde se pueden contemplar todos los astros que están a nuestro alcance.

Tu calor, magnífico calor que envolvía mis sentidos. Tus ojos como dos lunas preciosas sin recordar tu sol, sólo eramos tú y yo. ¿Quién podría regar tu mundo de ilusiones? Muy mal jardinero, pero buen mago.

Pasa el tiempo, años en el exilio y sin embargo tu presencia en ausencia me genera una sonrisa enorme. Un bienestar en mi alma por haberme chocado con tan hermoso ser humano.

Sin dudas, te extraño enormemente.